martes, 29 de enero de 2013

La inversión extranjera seguiría estable en 2013





A Colombia llegarían este año alrededor de 15.500 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa (IED), según las estimaciones preliminares del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, conocidas por Portafolio.
Esa cifra, superior a la del 2012, se convertiría en la meta del Gobierno, que, con alguna pequeña variación, será anunciada el lunes próximo por el titular de esa cartera ministerial, Sergio Díaz-Granados.
El 20 % de la IED va a sectores como comercio, establecimientos financieros, transporte y comunicaciones. “Calculo, conservadoramente, que la IED en el 2013 va a estar por encima de 15.500 millones”, dijo el funcionario, quien explicó que aunque ya ha habido varias reuniones con los equipos y entidades adscritas al ministerio para fijar las metas en diferentes áreas (exportaciones, importaciones, inversión, turismo) para el año entrante, aún falta recopilar y analizar más información.
A pesar del enrarecido entorno económico internacional, que ha llevado a diferentes analistas a pensar que el monto de inversión extranjera directa al país se reducirá este año, el Gobierno, por el contrario, es optimista y avizora un escenario mucho mejor.
Entre los factores que tiene en cuenta para aumentar en 8 a10 por ciento la IED que llegó en el 2012 están la vigencia, desde mayo pasado, del tratado de libre comercio con Estados Unidos y del que entrará en vigor con la Unión Europea.

Fuente: PORTAFOLIO.

domingo, 27 de enero de 2013

O nos hundimos o actuamos


El cambio climático provocado por el calentamiento global alterará la economía de todos los países de la región. Migraciones de industrias enteras, la escasez de agua y el alza de las mareas impulsará la ruina de algunas y podría cambiar la geometría del poder.

Latinoamérica es un lugar curioso. Si a un país de la región le dicen que no sobrecaliente su economía para crecer continuamente en el tiempo todos lo encuentran, más que razonable, obligatorio. Pero si a ese mismo país le sugieren que sacrifique parte de su crecimiento actual –cambiando agresivamente su matriz energética– en busca de asegurar así un crecimiento futuro sustentable (y no sobrecalentando el planeta), los partidarios de la idea  son tratados de locos. El drama es que hacerse los tontos hoy sale gratis, pero en 2050 la factura regional de seguir haciendo negocios como siempre será de US$ 100.000 millones (el 2,2 por ciento del PIB regional de 2010) por año, según el informe El Clima y el Desafío del Desarrollo para América Latina y el Caribe: Opciones para un Desarrollo Adaptativo Bajo en Carbono, presentado por el Banco Interamericano de Desarrollo en la Cumbre de Río + 20. Es el costo proyectado de los perjuicios que causarán algunos de los efectos del alza, originada por la acción humana,  de 2 °C de la temperatura para mediados de este siglo. Ello si es que la suba es de sólo ese par de grados. De hecho, “bajo la tendencia actual de las emisiones, 6°C es más probable que 3°C para fines de la centuria”, anticipa el trabajo Mundos Alternativos, tendencias globales 2030, del National Intelligence Council de EE.UU.
El cambio climático no sólo impactará en los números (productividad y rentabilidad) de la agricultura, salud, pesca y demanda de energía; pondrá además en peligro la supervivencia de algunos de los países tal como los conocemos. Dado que hoy la energía es relativamente barata, flota la idea de que poniendo más aires acondicionados, construyendo acueductos y plantas desalinizadoras de agua no habrá más que efectos secundarios molestos. No es así. Nuestros hijos verán la ruina de regiones enteras, muchas industrias se moverán hacia el frío. Detrás de ellas, millones de personas migrarán hacia zonas altas en las montañas, el extremo norte y el extremo sur, (o, al menos, hacia donde haya agua) provocando tensiones políticas y militares. De no haber una coordinación y generosidad regional de alto nivel, las naciones del Caribe y Centroamérica verán su infraestructura dañada permanentemente. Zonas agrícolas enteras del centro de Chile, sur de Brasil y norte de Argentina podrían perderse o volverse marginales.
¿Mitigar qué?
 En el caso de la agricultura, en particular, “no existen estimativos para un incremento de 4 grados, laguna preocupante, considerando que la probabilidad de limitar el cambio climático a un incremento de 2 grados disminuye con cada día y semana que pasa”, dice Antonio Hill, asesor de Política Ambiental para el cambio Climático de Oxfam. En el caso de un aumento suave, lo que sí se sabe, agrega, es que la adaptación del sector agrícola “requiere una inversión pública adicional de aproximadamente US$ 1.200 millones anuales hasta el 2050”. De muestra un botón: el Centro Internacional de Agricultura Tropical advierte que, a ese año, con un aumento de sólo 2,5  °C, El Salvador perderá el 81 por ciento de su producción de café, Nicaragua el 60 y México el 50. El último de los tres países, pese a tener US$ 17.000 millones de exportaciones agrícolas (2010), planea invertir apenas US$ 138 millones en el tema de la adaptación al cambio climático en los próximos diez años.
La cruda realidad es que Latinoamérica no está haciendo nada para mitigar el calentamiento global; esto es, para dejar de emitir los gases que lo provocan: el dióxido de carbono (CO2) y el metano. Y menos para adaptarse a tal calentamiento. Continuando una tradición de 500 años, parece esperar que las soluciones tecnológicas y el financiamiento arriben desde el exterior. Vienen, pero con cuentagotas: “En los últimos tres años la región entera ha recibido de la comunidad internacional apenas US$ 49 millones para la adaptación al cambio climático en todos los sectores", pone el dedo en la llaga Hill. En su mayor parte provienen del Fondo de Adaptación que estableció el Protocolo de Kyoto. Una billetera más grande es la tiene el Global Environment Facility (GEF), que ha gastado US$ 40 millones en el Caribe desde 1998. Y otros US$ 35 millones en el tema de la retirada de los glaciares andinos en Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
Bajo el paraguas de una entidad “prima”, el Programa Piloto de Adaptación Climática (PPCR, en inglés), un derivado del Climate Investment Funds (CIF), se financia la realización de diagnósticos para la adaptación en Jamaica, Haití, México y Chile, más otro a nivel regional.
Las cifras que invierten los países por sí mismos no son mayores. Colombia lanzó en 2005 un Programa nacional de adaptación, focalizado en sus hábitats montañosos, costeros, insulares y en el sector salud. ¿Presupuesto total? US$ 30 millones.
Esto a pesar de que, según el informe del BID, gastar en prevenir es negocio: “Los costos totales necesarios para adaptarse económicamente a los inevitables impactos del cambio climático, con independencia incluso de reducciones drásticas de las emisiones,  se han estimado en el orden de US$ 17 millones a US$ 27.000 millones. O aproximadamente un cuarto a un sexto de los costos de los impactos”. Visto así, “la implicación es que las medidas de adaptación son claramente rentables. Gran parte del impacto económico adverso puede evitarse o ser compensado al dedicar suficientes recursos financieros a las actividades de adaptación”.
Aunque actualmente la región es la responsable sólo de un 11 por ciento de las emisiones de C02, también tiene que hacer un esfuerzo para bajar su aporte a la atmósfera. Pero, en una mezcla de patetismo e ignorancia, que afecta tanto a gobiernos de derecha como de izquierda, dado que el calentamiento es el resultado de dos siglos de emisiones de Europa, Rusia, Japón y EE.UU. (más las recientes de China), Latinoamérica cree que puede poner este tema en el fondo de las prioridades y financiamiento. ¿El resultado? Llegaremos a 2050 emitiendo cinco veces más que la cantidad requerida para estabilizar el clima planetario.
En esta irresponsabilidad también tiene culpa la población. “Hay una muy baja conciencia de los riesgos de esta tendencia al calentamiento global”, dice Fernando Eguren, presidente Centro Peruano de Estudios Sociales (CEDES), en Lima. “Acá se considera positivo el crecimiento de 10 a 15 por ciento anual en autos importados. No hay cuidado del impacto de esto. Debería de haber un debate sobre los modos de producción y consumo”, agrega.
Economía biofísica
La discusión sobre el modo de generación de energía es central para Jesús Ramos Martín, catedrático del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona: “Las naciones centroamericanas, junto con algunas caribeñas, son las que están en una situación de mayor riesgo en la región”. ¿La razón? “Su alta dependencia energética (de hidrocarburos importados) no se corresponde con recursos existentes, lo que las hará todavía más dependientes en un futuro inmediato de precios altos. Esto impondrá sin duda nuevas presiones exportadoras (para obtener divisas) que agravarán la presión sobre sus recursos naturales nacionales”. Es por ello que “en estos países es más urgente hacer una transición energética hacia fuentes renovables, aunque sea a costa de unos menores niveles de crecimiento en el corto plazo”.
Ramos Martín es protagonista central de una nueva escuela económica, la economía biofísica o economía ecológica, la cual entiende que toda economía “requiere el mantenimiento de la base material (la naturaleza) que sirve los inputs a la actividad económica”. Los economistas biofísicos dejan atrás la idea, que une tanto a los economistas neoclásicos, keynesianos y marxistas, de que los recursos son infinitos y que el ingenio humano y el mercado encuentran siempre reemplazo cuando no lo son. En su reemplazo ponen el foco en medir “el perfil metabólico de una economía”, es decir, su patrón de consumo de recursos naturales. “Los perfiles metabólicos nos sirven para poder definir tipologías de consumidores y poder hacer escenarios de desarrollo futuro”, dice el experto. Y diversos trabajos anticipan problemas para las economías de Argentina, Chile y Brasil, relata, a menos que se organicen  para hacer “una transición de su sistema energético hacia fuentes renovables. Al menos para la electricidad”.
Igualmente grave es el tema de la disponibilidad de alimentos. No hay un banco de alimentos regional como en la India o Indonesia. Tampoco reservas de granos o carne de cerdo para medio año, como en China. Ello en una región con cada vez más países importadores netos de alimentos, lo que incluye a Venezuela y Chile.  “Los bancos de alimentos pueden ser una parte imprescindible de la solución, pero la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios frente al cambio climático requiere acciones urgentes en otras áreas también, como por ejemplo regulación de los mercados de commodities", pide Hill, de Oxfam.
Perú adelante
La nación andina muestra una actitud algo más proactiva que el promedio de la región. Lo corrobora el Plan de Gestión de Riesgo y Adaptación al Cambio Climático en el Sector Agrario, período 2012-2021. Éste contempla una inversión de algo más de US$ 74 millones. “Su objetivo es reducir los impactos del cambio climático en la actividad agropecuaria, tomando medidas adecuadas para reducir dichos efectos como las inundaciones, heladas, friaje y sequías”, explica Javier Perla Álvarez, Gerente de Negocios Sostenibles de Libélula, consultora que participa en la coordinación del que quizás es el esfuerzo de preparación más completo de la región. Se trata del Proyecto Planificación ante el Cambio Climático (PlanCC). “Ha sido diseñado con la participación de instituciones públicas, privadas y no gubernamentales bajo el liderazgo de un Comité Directivo Gubernamental, presidido por el Ministerio del Ambiente e integrado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Economía y Finanzas, y el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN)”, dice Perla. Su objetivo es “generar evidencia cuantitativa sobre los posibles escenarios de mitigación del cambio climático en el Perú”, a la vez que “sentar las bases para un crecimiento económico bajo en carbono, en el largo plazo”.
Con el 90 por ciento de la población habitando en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas, Perú es un candidato serio a la crisis. Perla recuerda que para “el año 2030 se prevé un aumento de la temperatura mínima del aire entre 0.4 y 1,4° C, en especial en la costa y selva norte, selva central y parte del sector sur andino”. Además, “las precipitaciones anuales se reducirían principalmente en la sierra, entre –10 por ciento y –20 por ciento, y en la selva norte y central hasta en –10 por ciento, mientras que los incrementos más importantes se darían en la costa norte y selva sur entre +10 por ciento y +20 por ciento”. El país podría perder más del 20 por ciento del PIB proyectado a 2050 (el 6 a 2030).
Santiago caliente
Donde también va a faltar agua es en Santiago de Chile. Usando un modelo llamado PRECIS, las estimaciones para 2071 a 2100 indican que las temperaturas medias se incrementarán 3 a 4 Cº (incluso 5 en algunas zonas) de la ciudad, respecto de las actuales. Entre Marzo y Mayo las lluvias serán 40 a 60 por ciento menores. Y entre Junio y Agosto 70 a 80 por ciento bajo el promedio histórico. Más calor supone más necesidad de agua, así que la cosa pinta oscura. Para Kerstin Krellenberg, del Centro Helmholtz Para la Investigación Ambiental,  coordinadora del Proyecto CAS (Climate Adaptation Santiago) “es de suma importancia encontrar nuevas medidas para garantizar el suministro oportuno de agua en años secos”. Santiago muestra también una realidad dual: “mientras el calor extremo es mayoritariamente un problema de los estratos socio-económicos bajos, los estratos altos se encuentran más expuestos a inundaciones” por torrentadas. Para conjurar ambos peligros, “se requiere la detención de la disminución de áreas verdes existentes, así como el aumento de áreas verdes en nuevas urbanizaciones y zonas vulnerables”.
En paralelo, durante el resto del siglo, en un contexto de aumento de demanda de energía y disminución de agua disponible para generar energía, Santiago verá “aumentar el riesgo de una falla en el sistema de electricidad”, lo cual impone políticas de ahorro y de diversificación
En Buenos Aires, en cambio, agua va sobrar. “El aumento es de 49 mm por década. Es casi un 30 por ciento más de lluvia ahora que a finales de 1950”, dice Inés Camillioni, profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Universidad de Buenos Aires. La temperatura media ha estado creciendo dos décimas de grado por década. Una parte se debe al “efecto isla urbana de calor”, el resto al impacto regional del calentamiento. Camillioni es también coautora del informe de evaluación del IPCC. Para ella, en Argentina el tema está instalado. “De ahí a que haya políticas fuertes”, afirma. Los modelos vigentes anticipan que habrá subas de temperatura en el norte y aumentos de lluvia hasta un 50 por ciento en la Pampa Húmeda. Ambas cosas impactarán en la agricultura. Para cuantificar, el país llevó a cabo un diagnóstico oficial (que se conocerá en pocos meses).
“Se trató de medir el costo de no actuar”, cuenta al respecto Leónidas Osvaldo Girardin, Director del Programa Medio Ambiente y Desarrollo de la Fundación Bariloche. Usaron un modelo climático provisto por el Instituto de Pesquisas Espaciales de Brasil (INPE). En la práctica, reconoce, sólo el sector agropecuario está siguiendo el tema. “Es muy consciente porque es muy clima intensivo, pero otros recién están despertando”.
Para Girardin, en Latinoamérica la pelea se viene brava porque ya “hay países y regiones que hoy tienen déficit de adaptación al cambio climático”. Y puntualiza que “no sé si Río de Janeiro, al igual que algunas ciudades de Colombia, esté muy preparada”. Y aclara algo que suena obvio, pero no lo es: mejorar los niveles de educación, salud y la disponibilidad de energía sustentable, “es mejorar las condiciones de base para adaptarse a lo que sale de lo normal”.
Los gigantes de la región están bajo un gran riesgo. México, sin agua en el centro-norte, golpeado por súper huracanes y bajo la presión de migraciones masivas desde Centroamérica, prácticamente vive en un estado de negación del fenómeno, pese al vistoso discurso ambiental que desplegó el gobierno de Felipe Calderón. Pero Brasil es quien podría ser sacudido de la manera más sorpresiva. El National Intelligence Council de EE.UU. advierte que el fenómeno de die-back, o “apagamiento” automático e incontrolado del Amazonas, puede concretarse “cuando la deforestación llegue al 20 por ciento”. Hoy se encuentra en el 18 por ciento. Esto llevaría a la disrupción del ciclo de agua de la región “de una manera que podría devastar la agricultura de Brasil y mucho de la de Argentina”. Ninguna de las dos economías resistiría el golpe, con la diferencia de que la Argentina podría reorganizar su producción más al sur. La ironía es que, para que esto no ocurra, el BID anticipa que la región debería invertir US$ 110.000 millones anuales por cuatro décadas. Parece mucho dinero, pero no lo es: hacerlo convertiría a la región en líder, se crearían empleos e industrias nuevas con una floreciente economía baja en carbono. Sólo hacen faltan líderes y poblaciones que dejen de mirar el retrovisor, se pongan loción solar y pongan manos a la obra.

autor

Rodrigo Lara Serrano




miércoles, 23 de enero de 2013

El panorama del capital riesgo en Colombia


Hace diez años, Colombia estaba luchando contra la inestabilidad política y social, una economía débil y la violencia generalizada. Con inversiones directas externas (IDE) en torno a los US$ 2.000 millones de 1999 a 2003, era evidente que la comunidad financiera internacional no consideraba que el país fuera un buen lugar para invertir capital. Pero con la elección del presidente Álvaro Uribe, en 2002, Colombia decidió hacer frente a la cuestión de la violencia y de la seguridad nacional sentando las bases del boom económico que ha tenido lugar en el país en los últimos diez años.
Durante su mandato, Uribe se empeñó en cambiar la imagen negativa que la comunidad internacional tenía de Colombia reduciendo de forma drástica la violencia y atacando el problema del narcotráfico en el país. En 2002, Colombia lideraba la tasa de homicidios per cápita en América Central y del Sur. Estadísticas recientes de la ONU, sin embargo, muestran que ha habido una reducción de más del 50% de los homicidios. En cuanto a la economía, el país experimentó también un crecimiento explosivo. Desde 2002, el Producto interior bruto (PIB) ha crecido tres veces más, la Renta Bruta Nacional (RNB) prácticamente se triplicó y hoy en día la IDE es seis veces mayor.
Al mismo tiempo, Colombia introdujo una estructura regulatoria para apoyar a la industria de capital riesgo, que daba entonces sus primeros pasos, y que se convertiría en uno de los sectores más dinámicos de la región. Según Bancoldex Capital, se crearon 17 fondos de capital riesgo en 2010, frente a dos fondos tan sólo cinco años antes. Aunque existan dificultades para la industria de capital riesgo en Colombia en el futuro próximo, las perspectivas parecen mucho más prometedoras que hace diez años.
Primero ciclo de inversiones
Antes de los esfuerzos realizados por Uribe para consolidar la estabilidad económica y política del país, la industria de capital riesgo era insignificante en Colombia. Según dijo Hernán Cely, de Advent International, "el periodo de 1997 a 2006 fue, básicamente, una década perdida para el capital riesgo en Colombia. La crisis internacional y las cuestiones de seguridad doméstica dificultaron el avance de la industria de capital riesgo". Antes de 2005, no había regulación gubernamental para la creación de empresas de capital riesgo; tampoco existían las estructuras legales necesarias para su formación, así como las protecciones imprescindibles de los intereses de los accionistas minoritarios indispensables para la estructuración de inversiones en acciones de ese segmento.
Aprobado en 2005, el decreto 964, entre otros, estableció los derechos de los accionistas minoritarios y creó una estructura de transparencia que especificaba la composición adecuada de su dirección, exigía la formación de comisiones de auditoría y determinaba la divulgación temporal de informaciones financieras, según Latin American Law & Business Report. Esos cambios ponían las prácticas de gobierno corporativo de Colombia en situación de igualdad con los estándares internacionales, lo que aumentaba la credibilidad del país frente a los inversores y, básicamente, posibilitaba las inversiones tradicionales en capital riesgo.
No obstante, pocos inversores pensaban en invertir en Colombia en aquella época, según Euromoney, es decir, fondos de prospección [search funds], familias de patrimonio neto elevado, así como empresas internacionales del tamaño de AIG, Darby, Newbridge Capital y The Carlyle Group. Vale la pena señalar que, desde 2006, dos empresas de capital riesgo locales, Tribeca Partners y Altra Investments, crearon sus primeros fondos y llamaron la atención de otras empresas de capital riesgo locales, como Southern Cross Latin America, Linzor Capital, Mesoamérica y SEAF, bastante activas desde entonces. A pesar del buen momento del mercado de capital riesgo en Colombia en aquella época, fueron pocas las transacciones efectuadas y escasos los detalles hechos públicos.
Una ley de 2007 fue el marco decisivo para la industria de capital riesgo colombiana. El Decreto 2175 definía jurídicamente las empresas de capital riesgo (Fondos de Capital Privado, o FCPs) como fondos mutuos cerrados que, según el Euromonitor, fueron "(i) creados con el objetivo de levantar y gestionar capital y otros activos; (ii) están constituidos por contribuciones de más de un inversor, cada uno de ellos con una participación de, como mínimo, US$ 150.000; y (iii) están formados por fondos gestionados colectivamente cuyos beneficios son distribuidos de forma proporcional entre los participantes". Ese decreto, es importante destacar, permitía a los fondos de pensiones colombianos invertir hasta un 5% de sus activos en fondos de capital riesgo locales. Tales cambios mostraron que el país estaba listo para las inversiones en capital riesgo y desencadenaron un crecimiento en el número de empresas de capital riesgo creadas. Entre 2007 y 2010, se crearon más de 20 fondos de inversiones en comparación con sólo cuatro antes de 2007.
Con nuevas fuentes de financiación, una estructura regulatoria bien elaborada, crecimiento económico y creciente atención internacional, la industria de capital riesgo de Colombia alcanzó un nuevo nivel y se está convirtiendo rápidamente en uno de los mercados más dinámicos de América Latina. Tanto es así que, de acuerdo con el conjunto de indicadores de la Asociación Latinoamericana de Capital de Riesgo (LAVCA), Colombia pasó de séptimo mejor país para invertir, en 2007, a cuarto, en 2012.
Actualmente, hay más de 20 fondos operando en el mercado colombiano, de entre ellos cinco con gestión del exterior, con un montante total de activos de US$ 2.200 millones, según Balcoldex Capital. Los últimos fondos cerrados por empresas locales son mucho mayores y hoy suman, de media, un total de US$ 200 millones. A finales de 2010, Latin America Enterprise Fund Managers (LAEFM) cerró su nuevo Fondo de Hidrocarburos por US$ 350 millones. En 2012, Altra Investments creó un nuevo fondo de un total de US$ 164 millones. Según LAVCA, un 44% de las empresas de capital riesgo de Colombia están estructurando nuevos fondos, y la combinación de sus objetivos de captación podría agregar un montante adicional de US$ 2.000 millones al mercado.
A medida que esas empresas entran en nuevos ciclos de captación de fondos, los gestores locales comienzan a cumplir sus promesas de aprovechar las oportunidades y crear valor en Colombia a través de salidas bien ejecutadas. En 2010, Tribeca hizo su primera salida exitosa al vender Latco, empresa de perforación de petróleo, lo que permitió que sus inversores obtuvieran una tasa interna de retorno (IRR) de más del 50%. El año pasado, Altra Investments ejecutó una salida muy exitosa y de gran visibilidad, con el que duplicó su benefició a través de la venta de su participación en la empresa farmacéutica peruana de genéricos Corporación Infarmasa SA, que el fondo adquirió en 2007.
Mientras los gestores de fondos locales buscan crear fondos aún mayores, interesándose no sólo por fondos locales, sino también internacionales, un número mayor de empresas internacionales, inclusive fondos de fondos, reservan recursos adicionales para Colombia. En 2011, Advent, una de las principales empresas mundiales en el segmento de buyouts [adquisiciones], abrió una oficina en Bogotá. Carlyle Group y Southern Cross, otros dos gigantes del segmento de fondos, están haciendo un seguimiento del país. Para atraer inversores, esos grupos compensan la falta de experiencia de su recién constituido equipo local con un historial operacional consagrado y con la tranquilidad del valor de las franquicias que tienen sus marcas. Hay diferentes estrategias a la hora de ejecutar las transacciones entre fondos locales e internacionales. Según Hernán Cely, de Advent International, "las transacciones realizadas entre los fondos locales e internacionales son muy diferentes. Los primeros trabajan sus conexiones locales, muchas de las cuáles están constituidas por ex banqueros. Los fondos internacionales tienen una estrategia más estructurada y analítica que requiere estudios sectoriales".
Respecto a los grandes fondos, las empresas de capital riesgo están siempre en busca de negocios de gran tamaño, según muestra la SEAF. El primer fondo de la empresa invirtió, de media, sólo US$ 2,8 millones por empresa, casi siempre en posiciones de accionistas minoritarios. Pero su fondo actual tiene como objetivo ahora una media de US$ 10 millones por inversión, con un máximo de US$ 25 millones en contratos que incluyen inversores compañeros. Laura Lodoño, de Altra Investments, dijo acerca de ese cambio drástico en el volumen de inversiones que, "inicialmente, la mayor parte de las oportunidades en nuestros negocios era de US$ 15 millones a US$ 20 millones; hoy, nuestro meta gira en torno a US$ 30 millones y US$ 50 millones por transacción".
Incluso si las empresas de capital riesgo han aumentado sus apuestas, el mercado colombiano todavía tiene un largo camino por recorrer. Hoy, el país tiene sólo un 2% de capital de capital riesgo invertido en América Latina, y el total de activos del continente representa un 2% del total de los recursos globales, según cifras de Proexport Colombia. Los especialistas en capital riesgo dicen que los fondos de pensiones locales deberían continuar siendo la mayor fuente de financiación adicional para el crecimiento futuro. En los últimos cinco años, los fondos de pensiones, voluntarios y obligatorios, crecieron más del 25% al año, en un total de activos combinados de más de US$ 72.000 millones desde marzo de 2012. Según la regulación actual, los fondos de pensiones considerados moderados, o de alto riesgo, deberían invertir de un 5% a un 7%, respectivamente, de su base total de activos en la clase de activos de capital riesgo. Considerando los activos actuales bajo gestión, un montante adicional de US$ 1.000 millones podría ser dirigido a inversiones en capital riesgo.
Horizonte de inversiones: Surfear la ola de crecimiento
Dada la tasa relativamente alta de crecimiento y la rápida expansión de la clase media, no debería causar sorpresa el hecho de que las demandas de capital continúen aumentando, sobre todo en el caso de las industrias más sensibles a los gastos arbitrarios del consumidor. A corto plazo, los inversores en capital riesgo consideran particularmente atractivos diversos sectores: comercio, enseñanza, salud, vivienda, turismo y entretenimiento. Además, las empresas de capital riesgo ya establecidas en América Latina han demostrado un interés constante por sectores que se beneficiarán del crecimiento macroeconómico generalizado del país, así como por contratos comerciales recientes que podrán redundar en un mayor volumen de exportaciones. Se trata de sectores como el de minería, agricultura, subcontratación de procesos empresariales, servicios de TI, software y educación.
Las oportunidades de inversiones están surgiendo también en más industrias de nicho. Un ejemplo de ello es Dynamo Capital, una empresa que invierte en proyectos relacionados con la televisión y las películas. En el transcurso de los últimos cinco años, Dynamo ha suplido la necesidad de capital de la próspera industria de cine de Colombia. Según Alejandra Guzmán, directora de inversiones de la empresa, esas inversiones no sólo se han mostrado atractivas desde el punto de vista financiero, también han contribuido al crecimiento económico generando empleos. Respaldados por incentivos gubernamentales cuyo objetivo consiste en promover la creación de empleos y la generación de gastos en Colombia, esos proyectos pueden ser particularmente lucrativos para los inversores locales con conocimiento especializado de mercado, como es el caso de Dynamo. Este es un ejemplo del posible impacto económico que las empresas de pequeño y tamaño medio de capital riesgo pueden tener en los próximos años en lo concerniente a la reducción de las limitaciones del capital y a la generación de empleos.
Al mismo tiempo, ninguna discusión sobre Colombia sería completa si no se tocara la cuestión de los proyectos de infraestructuras. A medida que el país continúa creciendo e imponiendo demandas adicionales sobre su infraestructura ya desgastada, el sector privado se ha involucrado cada vez más en la financiación de proyectos asociados a las necesidades más apremiantes de infraestructuras, como en el caso de las empresas de servicios públicos y de los sistemas de transporte. El interés del capital riesgo por las inversiones en infraestructuras continúa creciendo. Campañas recientes de recaudación de fondos indican que un 27% del capital levantado se dirigió a ese sector.
La manera mediante la cual las empresas de capital riesgo usan ese capital, y la manera en que continuarán usándolo, será algo que probablemente se segmentará en dos categorías: inversiones básicas en proyectos de infraestructuras e inversiones periféricas en proveedores de servicios de infraestructuras. Los fondos mayores, como Ashmore y Brookfield, captaron volúmenes significativos de capital destinados, básicamente, a la inversión directa en proyectos de infraestructuras. Los fondos de mercados pequeños y medios se mostraron interesados, pero tienen, de preferencia, una estrategia centrada en inversiones en subcontratación o servicios que se beneficiarían del crecimiento esperado de esos proyectos. Esa estrategia mitiga los riesgos de plazos asociados a los proyectos permitiendo, al mismo tiempo, que empresas más generalistas participen en un crecimiento aparentemente ineludible que tendrá lugar en el sector de infraestructuras en los próximos años.
Riesgos y desafíos futuros
Aunque el escenario de capital riesgo en Colombia esté expandiéndose junto con el rápido crecimiento de la economía, hay diversos cambios importantes que tienen que tener lugar como, por ejemplo, la introducción del historial operacional limitado para los fondos, un número de transacciones de suficiente tamaño, concienciación del emprendedor/gestor en lo que concierne al capital riesgo y oportunidades de salida en el futuro.
Un desafío elemental al que se enfrentan las empresas de capital riesgo está relacionado con la tarea de recaudar capital para fondos nuevos ante la ausencia de un perfil evidente de retornos. Con el aumento del número de fondos que están levantando capital y el aumento del tamaño medio de los fondos target [que invierten sólo en papeles de fecha de vencimiento específica], la lucha por el levantamiento de capital será más intensa, y muchos gestores de fondos tendrán que convencer a los inversores en potencia de su capacidad de tener éxito incluso sin tener un historial operacional de éxito en la región. Los gestores que tengan éxito en las actividades de captación de fondos podrán incluso enfrentarse a dificultades a la hora de encontrar transacciones de tamaño y escala suficientes para la eficiencia del capital a aplicar.
Además, la industria debe empeñarse en educar al emprendedor en lo referente al capital de capital riesgo y al papel que ese fondo puede jugar. La mayor parte de los dueños de empresas de Colombia sólo están comenzando ahora a familiarizarse con el capital riesgo. La gran mayoría aún no sabe lo que esos fondos representan y de qué manera podrán encajar en sus planes de crecimiento. El ambiente de negocios en un mercado como el colombiano es intrínsecamente distinto de otros mercados de capital riesgo más consolidados. La diferencia del ambiente de negocios tiene su origen en que muchas empresas de tamaño mayor son familiares, y sus dueños evitan aceptar capital externo y o/abrir el control de la empresa. Según observó Guzman: "Cultivar buenas relaciones con esas empresas familiares es algo que puede llevar mucho tiempo, y cuando eso suceda, ¿cómo convencerlas de que la inversión en capital riesgo es un buen negocio?"
Por último, está la dificultad de encontrar oportunidades de salida que permitan a las empresas obtener la liquidez necesaria para ofrecer retorno a sus inversores. Inicialmente, la mayor parte de los gestores de capital riesgo consideran la venta estratégica como la principal ruta de salida. Pero con la afluencia de grandes fondos internacionales deseosos de hacer grandes negocios, las salidas de patrocinadores a patrocinadores pueden convertirse en una opción real en el futuro próximo. El aumento de la actividad de OPV en 2011 y la fusión de las bolsas de Colombia, Chile y Perú puede también posibilitar otra trayectoria de liquidez para los inversores de capital riesgo. "El mercado bursátil ha crecido de manera significativa en los últimos tiempos, con 12 OPV, sobre todo de valores de primera línea, que sumaron más de US$ 2.000 millones en los últimos 18 meses, un récord histórico para Colombia", dice Felipe Iragorri, de Tribeca Management. "Las OPV de empresas de tamaño medio serán una realidad más concreta en un plazo de dos a cuatro años".
La industria de capital riesgo de Colombia no será un mercado de tamaño mundial importante mientras no se haya establecido un historial operacional de retornos sólidos de inversiones. Ante la ausencia de ese historial, el próximo ciclo de inversión será decisivo para la industria. Si los gestores de fondos no tuvieran un buen rendimiento durante ese periodo de oportunidades ofrecidas por la economía, la industria de capital riesgo colombiana tendrá dificultades para crecer al mismo ritmo que viene manteniendo desde 2007. Pero en vista de las condiciones económicas favorables, de la estabilidad política y de la posición económica relativamente fuerte de la región, los gestores de fondos aptos para desempeñar esa tarea deberán obtener ganancias que continuarán alimentando el interés por la inversión en capital riesgo en el país.

Fuente: Este artículo fue escrito por Rodrigo Boscolo, Ben Shephard y Wallrick Williams, miembros de la Clase Lauder de 2014.

martes, 22 de enero de 2013

La diferencia entre vender y negociar


La diferencia fundamental entre vender y negociar es que vender es un proceso para identificar lo que el vendedor ofrece con lo que el comprador necesita.
La negociación es el proceso de acordar los términos del acuerdo, y forma parte del ‘continuo’ de las ventas. Sin embargo la negociación sólo debería comenzar cuando exista un compromiso real ente comprador y vendedor.
De alguna forma es como las citas. Una persona no reserva un restaurante hasta que no tiene la cita acordada. Y de la misma forma, la persona a la que se cita no está realmente interesada en el lugar hasta que no adopta un compromiso verdadero.
Una vez que la cita está fijada ya es cuestión de acordar o negociar el tipo de restaurante, la ubicación y la hora. Una vez que alguien se ha comprometido a hacer algo, su nivel de interés aumenta enormemente. Ese es el motivo por el cual la fase de negociación suele implicar fuertes emociones.
Los comerciales utilizan la fase ‘de venta’ para establecer las bases de una futura negocación, asegurándose de que realmente entienden las necesidades de sus clientes y el proceso de toma de decisiones, ‘sembrando’ y estableciendo el tono de la futura negociación. Si por ejemplo das todo en la fase de venta estableces de alguna forma que continuarás haciéndolo en la negociación.

sábado, 19 de enero de 2013

Las 15 empresas más grandes de Colombia siguen pensando offline


La agencia española de marketing digital, BlueCaribu, llevo a cabo un estudio con el fin de analizar la presencia online de las 15 empresas más grades de Colombia. El resultado no es alentador ya que de las quince empresas solamente Movistar, Avianca, Almacenes Éxito y Ecopetrol tienen una presencia destacada en Internet. El 20% de las empresas analizadas no están en redes sociales y 11 de cada 15 carecen de una estrategia en los principales canales. A pesar de la conciencia por parte de las empresas de la necesidad de tener una estrategia online, los resultados del estudio no son consecuentes. Definitivamente las empresas más importantes de Colombia están desaprovechando el potencial que ofrece el mundo digital.
En el estudio no se conocen cuáles son las razones de la baja presencia digital, pero revisando los más relevantes, se puede afirmar que no es un problema de cifras en cuanto a acceso o desaceleración de la industria. Según la IAB, la penetración de Internet en Colombia creció un 15% en 2011, alcanzando los 25 millones de usuarios. La inversión en medios digitales reportó un crecimiento del 49.5% durante el cuarto trimestre de 2011. La cifra total en medios digitales para el 2011 en Colombia fue de $126 mil millones de pesos. En otro informe que realizó Microsoft llamado Travesías del Nuevo Comprador, muestra que Colombia es el segundo país de latinoamerica (después de Chile) con más usuarios con acceso a Internet (54%).

Hoy en día las empresas de todo el mundo son plenamente conscientes de la necesidad de tener una sólida presencia online. Han de tener una web, invertir en Internet como parte de su estrategia de mercadeo, y se ha de cuidar la presencia en las redes sociales como medio para estar en contacto con el público.
Las cifras hablan por sí solas: en Colombia el número de personas con acceso a Internet creció un 15% en el año 2011 hasta alcanzar los 25 millones de usuarios, y la inversión en medios digitales está empezando a despegar con un incremento anual en el 2011 del 33.46%, alcanzando los 126.366 millones de pesos según datos del IAB.
BlueCaribu ha realizado un estudio independiente para analizar cómo lo está la presencia en Internet de las 15 mayores empresas por volumen de ventas de Colombia, cuál es su estrategia digital, en qué canales invierten y cómo los utilizan.

La totalidad de las empresas analizadas tienen página web corporativa. Tras medir el volumen de tráfico de todas ellas, el estudio revela que solamente 7 de las 15 empresas tienen un tráfico significativo y que las restantes 8 apenas sacan partido a las posibilidades de su presencia online y no hacen uso del potencial que los motores de búsqueda como Google ofrecen para dar visibilidad sus marcas.
También existe diversidad en el tipo de dominio seleccionado para la web: el 47% utiliza el dominio .com.co, seguido del .com con un 40% y un 13% se han decidido por el .co.
Pese a que todas tienen web, la mayoría no la tienen adaptada para dispositivos móviles (30%).
Twitter es la red social por excelencia y el uso de la red de microblogging varía según la empresa.Tienen presencia 13 de las 15 mayores empresas de Colombia que la emplean principalmente para: 1. dar atención al cliente, como es el caso de Movistar, Avianca y Claro; 2. realizar la comunicación corporativa, como es el caso de Ecopetrol o; 3. difundir ofertas y promociones, como es el caso de Carrefour o Almacenes Éxito. Otros como Terpel, Carbones del Cerrejón y Exxon Mobil no tienen cuenta.
La mayoría de las empresas tienen presencia activa en Twitter desde hace 2,1 años y, desde entonces, la actividad de sus cuentas se concentra de lunes a viernes. Se trata de la red social que mayor crecimiento presenta por número de seguidores con un 6% mensual (vs. 2,5% de Facebook).
El segundo canal por penetración es Facebook. Así lo demuestran 9 de las 15 empresas que lo emplean como uno de los ejes de actuación en Social Media. Por número de fans destacan Almacenes Éxito (194 mil), Movistar (113 mil) y Avianca (105 mil).
En cuanto al engagement, las comunidades más activas están en torno a Almacenes Éxito y Claro, aunque el índice de personas que interactúan con la página de Pacific Rubiales es también elevado, pese a no destacar en número de fans. El contenido que comparten las compañías más activas suele ser promocional y es común encontrar contenido corporativo.
Especialmente llamativo es el hecho de que, a pesar de que Colombia es el país número 14 del mundo por usuarios de Facebook con 17 millones, tan solo el 60% de las empresas tiene presencia en esta red social.
A continuación se ha valorado la presencia web, en Facebook y Twitter de cada una de las mayores 15 empresas de Colombia por ventas. A partir de los datos obtenidos de cada una de las empresas se ha calculado la nota final según los criterios expuestos en este enlace.
PosiciónEmpresaNota Final*Posición por Ventas**Variación***
1Telefónica(Movistar)91,814+13
2Avianca75,35+3
3Ecopetrol71,81-2
4Almacenes Éxito69,73-1
5Claro24,86+1
6Carrefour11,715+9
7EPM10,72-5
8Grupo Argos4,68-
9Pacific Rubiales47-2
10Bavaria2,210-
11ISA1,212+1
12Grupo Nutresa0,611-1
13Terpel0,54-9
14Exxon Mobil0,59-5
15Carbones del Cerrejón0,513-2
*Toda la información sobre la metodología del estudio en este enlace.
**Quince mayores empresas de Colombia por Ventas según la Revista Semana.
***Variación: Posición en Internet vs. Posición según Ventas.

-Solamente el 30% de las webs de las 15 mayores empresas de Colombia tienen versión móvil en sus webs [Compartir en Twitter]
-13 de las 15 mayores empresas de Colombia por ventas tienen presencia en Twitter y promedian 14272 seguidores [Compartir en Twitter]
-9 de las 15 mayores empresas de Colombia por ventas tienen presencia en Facebook y promedian 67289 fans [Compartir en Twitter]
-En Colombia la compañía con mayor engagement en Facebook es @pacificrubiales con un 17,6% y @carrefourc la menor con 1,9% [Compartir en Twitter]
-De las 15 mayores empresas de Colombia por ventas @almacenesexito presenta el mayor crecimiento en Facebook con +19,8% en fans [Compartir en Twitter]
-De las 15 mayores empresas por ventas de Colombia, tienen más seguidores en Twitter @movistarco y @avianca_com  [Compartir en Twitter]
-El 20% de las mayores empresas en Colombia por ventas no tienen presencia en redes sociales [Compartir en Twitter]
FUENTE: http://sebastianbehar.com,http://www.bluecaribu.com